Los robots para exteriores trabajan en condiciones mucho más difíciles que los robots de almacén o laboratorio. Deben desplazarse sobre tierra, grava, barro, pendientes y superficies irregulares mientras soportan lluvia, polvo, radiación ultravioleta, cambios de temperatura y posibles golpes.
Por eso, un robot que funciona perfectamente en un suelo plano y limpio puede fallar rápidamente cuando sale al campo. La confiabilidad exterior no depende de una sola pieza: exige coordinar la mecánica, la electrónica, los sensores, la batería, el software, las comunicaciones y el mantenimiento.
El exterior cambia las reglas
En un entorno interior, la temperatura suele estar controlada, el suelo es relativamente uniforme y los obstáculos se conocen. En el exterior, el robot debe enfrentarse a condiciones variables e impredecibles.
- Charcos y barro.
- Polvo fino y arena.
- Grava y piedras.
- Hierba alta y ramas.
- Pendientes y desniveles.
- Lluvia y humedad.
- Sol directo.
- Viento.
- Interferencias de radio.
- Obstáculos que cambian de posición.
El diseño debe considerar el peor entorno esperado, no únicamente el día en el que se realiza la demostración.